El arte de vivir en libertad, un análisis de «Nos mataron la risa»

Hace poco tuve la oportunidad de ver la obra de teatro Nos mataron la risa, un homenaje a Jaime Garzón, poco o casi nada sabía de él, tan sólo comentarios de mis padres a quienes les tocó vivir esa época de tanta violencia en el país, contando también que cuando murió yo solo tenía un año de vida, al crecer no sabes qué hicieron otros, cuál fue su legado y tu visión del mundo es muy pequeña, es así como nunca vi ninguna de sus entrevistas, de su trabajo, es así como mi vida no estuvo permeada por la suya, porque mientras yo apenas empezaba mi vida la de él se extinguió. Este dato entre curioso y triste no lo sabía al momento de ver la obra, pero el universo es siempre tan misterioso que mientras hacía la fila para ver otra obra nunca pensé terminar entrando a ver un homenaje a un señor que hasta entonces sólo conocía de nombre, que me llegó a lo más profundo fue tan personal que en más de una escena me aguó los ojos, su impacto en mi fue tal que horas después estaba llorando desconsolada mientras procesaba todo lo que me hizo sentir y pensar esta obra, tanto que las palabras se quedaban cortas para expresarlo. 

Es curioso cuánto valoro yo la libertad, el poder ser lo que queramos ser, seguir nuestras pasiones y básicamente poder vivir nuestras vidas sin miedo, sin barreras, estar tranquilos con nuestras elecciones. Y sí soy una idealista, que quisiera que todo fuera un maravilloso cuento de hadas donde todos tengamos nuestro final feliz, donde el héroe siempre gane, porque el bien sin importar cuanto tenga que luchar siempre vence al mal. Es difícil no guiarme por mis ideales que así sea por obra divina el karma llega y hace de las suyas a quien lo merece, porque en mi cabeza no cabe la idea de que el mal sea más fuerte, por eso esta obra me rompio, pero más que la obra fue la realidad, fue ver la injusticia más grande, las acciones más viles, el ver que un inocente, una persona buena, que solo quería que él y todos los colombianos pudiéramos vivir en libertad, fue callada de la manera más terrible con el silencio eterno, y aunque sabía cómo terminaba la historia, había escenas que me destrozaban, me quitaban toda la esperanza que suelo tener. Yo solo podía cuestionarme ¿cómo pudieron matarlo? ¿por qué no se fué mientras pudo? ¿cómo pudo tener tanto amor por lo que hacía que no tuviera miedo a morir? y pensar en todo el dolor que pasó su familia, un dolor que nadie debería sufrir. Me dolió profundamente ver tanto sufrimiento representado con tanta pasión que se sentía propio, no quedándome más que agradecer el poder tener a mis padres conmigo y que a pesar de los peligros salimos hasta bien librados de la guerra. 

Toda mi vida he amado los libros porque me sacan de la realidad, amo el cine, pero prefiero no ver uno realista, porque la fantasía es mi ruta de escape, mi huida del dolor, pero ese día Nos mataron la risa me obligó a enfrentarme a la realidad que no se va por más que yo huya de ella, a ver que de frente que vivo en un país indolente, en donde no podemos vivir en libertad con nuestro arte, que quien habla y ayuda a otros es silenciado, porque acá no veo un buen porvenir y que triste que la única manera de vislumbrarlo es hacer viva afuera, porque en nuestra tierrita nos matan, nos secuestraron, nos violan, nos silencian, porque no hay futuro para vivir del arte o vivir en paz. Quedé tan desesperanzada, pero al mismo tiempo con la firme idea “que le voy a dejar al mundo”, ¿por qué vivo? ¿lo hago solo por trabajar? Se que probablemente no voy, ni quiero cambiar a Colombia, Pero ¿qué puedo hacer para darle sentido a esta existencia tan corta? ¿qué hago con ese tiempo prestado? y a pesar de todas las dudas que me plantee, no importa lo que sea, sigo queriendo ser una persona buena, soñadora y que no puede perder la esperanza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *